El autoengaño financiero

Los seres humanos hemos creado a lo largo de nuestra existencia en el planeta una serie de mecanismos de protección mental: al ser nuestra capacidad de influir y entender en los sucesos que ocurren a nuestro alrededor limitada, muchas veces es mejor ni percibirlos de forma consciente. El autoengaño es una de las herramientas mentales principales de protección. El autoengaño financiero nubla la razón en el momento de tomar decisiones relacionadas con nuestras finanzas personales.

Pero toda arma es a la vez nuestra defensa y nuestro enemigo. Con el autoengaño no podía ser de otra manera. El autoengaño financiero, concretamente, nos permite mantener un cierto equilibrio mental cuando nuestra situación financiera pende de un hilo; no obstante, si no percibimos el mecanismo a tiempo, la calma puede tornarse pura ruina.

El autoengaño podría considerarse una evolución del engaño, ya que ocultar la verdad a uno mismo la hace aún más invisible al resto de la comunidad. Pero no hace verdad la mentira, evidentemente.

El autoengaño se produce al pensar que somos mejores que los demás, recordamos con más intensidad nuestras hazañas que nuestras flaquezas o cuando creemos vehemente que lo malo ocurre a otras personas. Este mecanismo psicológico actúa como tranquilizante, nos permite reducir la incertidumbre de la vida y nos brinda una ilusoria sensación de control.

El autoengaño financiero: nuestras mentiras financieras

Tal vez la forma de autoengaño financiero más conocida es la que nos lleva a crear un efecto bola de nieve de endeudamiento. Cuando no podemos pagar la cuota de nuestra hipoteca por falta de ingresos, nos engañamos y pensamos que la cosa mejorará sola; tiramos de tarjeta y pagamos alguna cuota de la hipoteca.

El saldo de la tarjeta se agota y seguimos sin compensar ingresos y gastos. Es la hora de pedir un préstamo personal, que evidentemente se destina a pagar cuotas hipotecarias y nos da, durante un tiempo, un efecto de falsa riqueza que no existe en otro lugar que nuestra mente. Al agostarse el dinero de este préstamo personal, buscamos otras fuentes de financiación a corto plazo para pagar una inversión a largo (la compra de una vivienda), y nuestra situación financiera se hace insostenible.

Si no somos capaces de enfrentar la cruda realidad y seguimos adormecidos en nuestro engaño financiero personal, obviamos el problema y seguimos intentando seguir adelante, sin querer ver que nos acercamos cada vez más al precipicio. Cuando el abismo está ya tan cerca que es imposible de ignorar, acudimos a un banco o intermediario financiero para que nos tramite una hipoteca que reunifique todas nuestras deudas.

Si no aprendemos de los errores, la reunificación de deuda será una mera solución temporal, ya que en un tiempo volveremos a estar igual. Y la culpa nunca será nuestra, será del banco, de la reunificación de deudas o de la economía capitalista.

La solución al autoengaño: la verdad

No ver nuestra realidad económica puede ser útil en determinadas circunstancias y en momentos limitados de tiempo; no siempre estamos preparados para la verdad financiera. Si hemos perdido nuestro trabajo y nos cuesta pagar la hipoteca, cierta dosis de atenuación de la verdad nos puede ayudar.

En lugar de entrar en pánico y empeorar las cosas, pensamos que la cosa mejorará y buscamos otro trabajo o fuentes alternativas de ingresos (como podría ser alquilar una habitación de nuestra vivienda hipotecada). Si el autoengaño es temporal y nos ayuda a contener la ansiedad del momento, esta ilusión de control no es negativa. Pero no nos debe llevar a la complacencia sino a la acción.

Pero si lo que hacemos es pensar que lo que no es será, que los ingresos vendrán solos o que la culpa de todo la tiene la crisis (por ejemplo), seguimos con nuestras pautas de consumo y buscamos falsas soluciones financieras, la verdad acabará por asfixiarnos.

Engañarse no soluciona los problemas; identifiquemos con calma el problema: una situación de sobreendeudamiento, caída en picado de los ingresos o gastos extraordinarios difíciles de asumir. Busquemos soluciones financieras con la ayuda de los demás (que nos ayudarán a salir de nuestro autoengaño) y apliquémoslas con la mejor de nuestras intenciones. La fórmula no nos garantiza el éxito, pero si no hacemos algo, lo que no es no será.

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