El título tiene truco, evidentemente. No hay un sólo mejor producto financiero de ahorro e inversión óptimo para todo el mundo. Ni hay uno que sea mejor que todos los demás. Sin embargo, sí es cierto que hay uno o dos productos perfectos para cada ahorrador. Lo que pasa es que para conocerlos primero tenemos que conocernos a nosotros mismos.

En iAhorro.com hemos tratado de dar unos consejos al inversor-ahorrador para que en el 2012 elija los productos financieros que mejor se adapten a su perfil, comentando el tema en medios de comunicación tan relevantes como Invertia o El Mundo. Os recomiendo leer atentamente la información en estos medios antes de invertir.

En cuanto a la forma de adaptar el vehículo de inversión a las características del ahorrador, hay que considerar lo siguiente:

  1. Nuestra cultura financiera y conocimiento previo del
    producto financiero que estamos evaluando. Como dicen los grandes inversores,
    no invierta nunca en un producto que no entienda. No olvidemos jamás esta
    máxima y nuestros ahorros correrán menos peligro. 
  2. Nuestra forma de ser, sentimientos y aversión al riesgo;
    muchas veces olvidamos lo más importante a la hora de invertir, nuestra forma
    de ver el mundo y los riesgos inherentes a éste. La premisa básica a tener
    siempre en cuenta es que no hay rentabilidad sin riesgo. Si queremos ganar por
    encima de la inflación (que es un impuesto oculto que año a año mina nuestros
    ahorros), tendremos que arriesgar. Dependiendo de nuestra tolerancia a las
    pérdidas, necesidades de liquidez y capacidad de asumir la incertidumbre, hay
    vehículos de inversión que nos convienen y otros no. A fin de cuentas, no sólo
    debemos pensar en ganar dinero, sino también en estar lo más tranquilos
    posibles. También nuestra edad influye, ya que si estamos cerca de la
    jubilación, por poner un ejemplo, no deberíamos arriesgar demasiado, por muy
    adictos al riesgo que seamos. 
  3. Nuestro nivel de ingresos mensuales y ahorros
    disponibles
    . Por muy arriesgados que seamos, por ejemplo, no tiene sentido
    invertir en Bolsa si no tenemos suficiente dinero para asumir perder la
    inversión. Los ingresos mensuales, por otra parte, determinan nuestra
    fiscalidad personal, que determina nuestra elección para optimizar la factura
    del IRPF. 

 Cuando hemos calibrado exhaustivamente nuestra situación, llega el momento de analizar
los productos financieros e invertir en los que mejor se adaptan a ella, no al revés como hacen muchos.

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