Banco Salvados

Desgraciadamente los compañeros de Gurusblog han decidido, desconozco los motivos, cerrar su web y dejar los contenidos en el mundo de los recuerdos. Por suerte, tenemos herramientas como web.archive.org para poder leer contenidos que han desparecido del mundo online original.

En este artículo recupero dos artículos publicados en Gurusblog en su día (enero y febrero de 2010) y que me dio a conocer al equipo de Salvados en su día, lo que me proporcionó la gran oportunidad de ofrecer mi visión crítica sobre la banca en 2012 y 2013.

El DTV

Con el Director de Toda la Vida (DTV para los amigos) pasa algo similar que con nuestro médico de cabecera. Que somos tan crédulos y confiados que hacemos a pies juntillas lo que tan amablemente nos sugieren. Pero esta crisis está cambiando esta forma de ver las cosas; la figura del DTV ha caído en desgracia por varias razones que pasaremos a analizar en esta entrada. Recordemos que el texto original es del 2010 pero, me temo, es válido para 2020.

Yo he trabajado en urgencias médicas y en un banco y lo que ahora les voy a decir no es fruto de una imaginación calenturienta ni de ningún consejero interesado: Pidan siempre una segunda opinión.

Pidan a otro médico que les confirme el primer diagnóstico y soliciten a otro director o profesional independiente que le aconseje sobre el producto financiero que su DTV les ha recomendado. Como me dijo en su día un buen médico de la ambulancia: «No me fío de mis diagnósticos ni de los de mis colegas; no quiero imaginar a cuantos no hemos salvado por no acertar con la medicación».

¿Hace falta que les diga las veces que su DTV se ha equivocado asesorando a sus clientes?

No se trata de demonizar a los empleados de sucursal ni a sus directores; puede parecerlo, pero no va de esto este post. Hay grandes profesionales en banca, muchos de los mejores trabajan en este sector. Me he permitido la figura del DTV en alusión a una forma errónea de entender la labor de las sucursales.

El DTV de antaño ha desaparecido o está en vías de extinción; ese profesional de toda la vida de nuestra sucursal de barrio que nos aconsejaba en base a nuestras necesidades, que sabía que si el consejo era equivocado volveríamos a verle y le diríamos de todo. No hablo de esos Buenos DTV, hablo de los nuevos. Esta criatura creada a conciencia por la cúpula directiva, un vendedor joven y agresivo que va de sucursal en sucursal y no sufre en persona las consecuencias de sus errores al aconsejar a sus clientes, al estar en una oficina diferente cada año.

Se ha creado un DTV en cuyo perfil se prioriza vender a asesorar, colocar productos según campaña a seleccionar el mejor según el perfil del cliente, cuya retribución variable se mide en rentabilidad de la oficina antes que en calidad de servicio, cuyo conocimiento de los productos que comercializa es cada vez menor al no tener ni tiempo ni incentivos para formarse ya que lo que se le exige es vender en cada momento lo que exigen los objetivos anuales o semestrales a cumplir.

La falta de especialización, de independencia, de perfil técnico y de tiempo para conocer a sus clientes hace que el DTV ya no sea un asesor adecuado; al menos, que no sea el único asesor al que acudir. Esta crisis económica nos ha traído algunas cosas buenas, entre las que destacaría la caída del mito del DTV. ¿ A quién no le han vendido unas acciones de un supuesto holding empresarial que no paran de caer de precio, una hipoteca que no baja por culpa de una maldita y escondida cláusula de suelo, un supuesto seguro de tipos de interés que no es otra cosa que un derivado o swap, un fondo de inversión explicado como si fuera un plazo fijo o un bono estructurado «seguro» de Lehman’s Brother?

Su DTV no es su amigo ni tiene por que ser la persona que más sabe de finanzas: es un empleado bancario acosado por una estrategia comercial en sucursales que en nada beneficia a los usuarios.

Se promociona la mediocridad en la banca comercial

Los que no conocen de cerca el mundo bancario suelen tener tendencia a pensar que los grandes gurus de la banca nunca se equivocan y si toman una decisión determinada por algo será. Yo opino de forma diferente; hay demasiado mediocre tomando decisiones importantes que afectan a su entidad y, muchas veces, al conjunto de la sociedad.

Tal vez algunos no lo crean. ¿Si tienen a los profesionales mejor pagados del mundillo financiero, como puede ser que venga yo y diga que hay mucho mediocre metido a bancario?

Por los resultados los conoceréis. Y no es que hayan sido, en general, muy buenos. A la que vienen mal dadas, todas sus carencias salen a la superficie.

Al entrar en su día en el Banco Zaragozano (puedo mencionarlo por qué ya no existe como tal) y pasar el proceso de selección, el responsable de Recursos Humanos (que bonita palabra, que mal entendida por los que la representan) me dijo unas palabras que se me quedaron grabadas en fuego en mi mente:

– Pau, no buscamos ni gente que destaque demasiado ni demasiado poco.

Me quedé alucinando en colores; este señor me estaba diciendo que yo no era ni muy listo ni muy tonto. Un mediocre, vamos. Y con el tiempo me he dado cuenta de que esto es lo que han buscado las entidades financieras para sus sucursales. Gente gris, ni demasiado ignorante para no saber lo que venden ni demasiado lista para cuestionarse la idoneidad de sus productos.

Y las consecuencias a esta nefasta política de selección de personal la sufrimos todos al intentar que nos expliquen algún producto en la sucursal o que nos renueven nuestra póliza de descuento o nos concedan una hipoteca. Que muchos no saben razonar más haya de los folletos comerciales que les entregan para vender. Y parte de la responsabilidad de los efectos de la crisis financiera ha sido de los que tenían que analizar y seleccionar los productos vinculados a hipotecas subprime que los americanos tan bien han colocado a la banca de todo el mundo. Con este nombre tan bonito y viniendo del país de la libertad, como va a ser un mal producto, debían pensar.

Si durante tantos años se han dedicado a reclutar profesionales que no se cuestionan las cosas, es natural que se hayan producido los errores garrafales que muchas entidades financieras han cometido y las está llevando a un estado de cuasi-insolvencia. Recordemos, un texto del 2010 perfectamente vigente en estos momentos…

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