El paro, el lobo que nos estaba rondando hace tiempo ya levanta la cabeza y nos muestra sus horribles orejas de depredador.

Empieza septiembre, atrás dejamos la aparente calma de las vacaciones y un jarrón de agua helada nos despierta a la cruda realidad de esta crisis. Paro por doquier.

Las promotoras están cerrando, grandes y pequeñas. Por las calles apenas quedan agencias inmobiliarias abiertas. Las constructoras se enfrentan a la brutal restricción del crédito; si no estaban del todo mal, la banca las está rematando.

Compañías aéreas cierran o se enfrentan a planes de viabilidad draconianos, dejando a muchas familias al amparo del desempleo (si es que han cotizado lo suficiente, claro). Precios altísimos del petróleo y baja demanda de viajeros las abocan al infierno empresarial. Futura ha sido la última en caer.

La baja demanda de bienes de consumo y la práctica eliminación del préstamo personal a muchos colectivos (inmigrantes, construcción, etc) lleva a la ruina a las empresas de este sector, siendo tal vez la venta de automóviles el ejemplo paradigmático.

Las PYMES sufren la paranoica política de los bancos de no renovar las pólizas de crédito en época de demanda en franco retroceso. ¿Cómo pretenden las entidades financieras, que en tiempo de bonanza ofrecían cuentas de crédito como churros, que pasen las vacas flacas las pequeñas empresas?

La temporada turística ha empezado más tarde y acaba más pronto. Muchos empleados no van a tener paro por no haber podido cotizar los meses mínimos.

No hablemos del abandonado y débil tejido industrial de las Illes, acosado por la imposibilidad de competir con las empresas asiáticas, las hindúes y una demanda interna dormida y una exterior intratable debido a la fortaleza relativa del euro, que encarece nuestros productos para EE.UU., Japón y demás (con el efecto pernicioso en las posibles exportaciones a estos países).

Ha llegado el lobo. Y el cazador está dormido o fuera de cobertura. El Gobierno anuncia medidas, algunas tendrán efecto y otras me parece que no.

Pero uno de los responsables de esta crisis que me parece que en lugar de ayudar están reforzándola son los bancos.

Este mes en muchas entidades han pasado la siguiente consigna:

Nada de hipotecas. Nada de préstamos personales y no renovar pólizas salvo que haya viviendas en garantía. Barclays y otros, desde el 1 de septiembre solo financian el 80% del menor valor de tasación o compra-venta. ¿Es que alguien en su sano juicio cree que hay compradores de vivienda que tengas dinero ahorrado para pagar todos los gastos y parte del valor de la compra?.

En épocas de bonanza los bancos han ganado más cada año. Es hora de que asuman su responsabilidad en tiempos de penurias y estén dispuestos a apoyar activamente a los sectores productivos. Huir es de cobardes. ¿O se creen que van a ganar dinero solamente con los ahorros y comisiones que cobran a sus clientes?

Creo que es hora de que el Banco de España deje de dar tantas instrucciones restrictivas y encauce este panorama. Ni tanto ni tan poco. El equilibrio está en el medio.

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