El cierre de pequeños comercios es algo que encoje el alma de quién pasea por nuestros barrios. Lo mismo ocurre si uno visita los polígonos; a según que horas de la tarde parece más un escenario post-nuclear que un centro de negocios.

Esta mañana, antes de entrar por la puerta de la oficina, he visto esta imagen:

¿Miseria-Confección?

¿Algún tipo de broma de mal gusto?

¿Un comerciante autónomo que pone en un cartel lo que siente cada día en sus carnes?

No. Una imagen curiosa por el efecto del toldo. Camiseria-Confección, pone el letrero.

Pero bien pensado, ¿no será una miseria trabajar en un comercio con la que está cayendo?

A todos los héroes de la vida diaria que abren sus puertas haga calor o frío para atender a su clientela: ánimos.  

Lo que no nos mata  nos hace más fuertes.

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