Los depósitos a plazo fijo, plazos fijos o IPFs (Imposiciones a plazo fijo) son el producto bancario de ahorro más seguro y sencillo de los que existen en el catálogo de las entidades financieras.

Es una forma de ahorro que consiste en depositar un dinero durante un plazo determinado (días, meses o años) a cambio de un interés fijo (puede también ser variable en relación al euribor) pactado en el momento de la contratación. El cliente le asegura al banco un dinero durante un tiempo (si bien lo puede recuperar antes cancelando el depósito y pagando una posible comisión de cancelación anticipada, que nunca superará los intereses devengados) y el banco le ofrece una rentabilidad conocida.

Al igual que con las cuentas bancarias, el ahorro en depósitos está garantizado tanto por la solvencia de la entidad financiera que los custodia como por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD), que devolvería hasta 100.000 euros por persona y banco en caso de que fuera liquidado.

Es importante que si tenemos más de 100.00 euros en depósitos los diversifiquemos entre diferentes bancos o bien elijamos una entidad financiera sólida, dado que existe un riesgo real de que algún banco (en principio nacionalizado previamente) acabe siendo liquidado. Usar un comparador de depósitos puede sernos muy útil para saber a qué bancos vale la pena acudir.

No confundir con un depósito

En ocasiones el interés comercial del banco provoca que se nos intente vender un producto distinto del depósito a plazo fijo, con argumentos falsos o sesgados que apelan a “seguridad similar” a los depósitos pero con “mejor rentabilidad”. Si no es un depósito, no está garantizado por el FGD y, por tanto, es más arriesgado.

Siempre hay que leer el contrato y asegurarse que es un “depósito a plazo fijo” o una “Imposición a Plazo Fijo” y no otra cosa.

Entre los productos financieros que nos pueden vender como depósitos sin serlo, existen:

  • Las participaciones preferentes, producto sin vencimiento (son perpetuas), con un interés o cupón que dependen de que el banco tenga beneficios y cuyo riesgo en caso de quiebra del emisor es muy alto (se cobra el penúltimo, si ha dinero, sólo por delante de los accionistas). En realidad es como ser accionista sin derecho político alguno.
  • Obligaciones convertibles, como el caso de los Valores Santander.
  • Bonos estructurados, cuya rentabilidad suele depender de que tres acciones u otro tipo de activos supere un determinado precio. Son famosos, desgraciadamente, los bonos de Lehman Brothers, comercializados por bancos españoles pero cuyo garante era el banco quebrado.
  • Fondos de inversión garantizados; se garantiza sólo en capital, normalmente, y en una fecha determinada. Si se quiere recuperar el dinero antes del vencimiento, podemos perder capital (se vende a precio de mercado). Igual pasa si no vendemos el fondo en la fecha de garantía.

Siempre busquemos información independiente a la hora de decidirnos por un producto financiero; si no es un depósito, no lo es. Y hay que saberlo y valorar riesgos, liquidez y rentabilidad.

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