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Ya analice de forma rápida algunas propuestas económicas de Podemos que, sinceramente, creo que no Pueden.

Un buen amigo me criticó, en base a qué en lugar de aportar soluciones, atacaba los unicornios económicos que propone Podemos. Siento reafirmarme: soluciones no son dar soluciones imposibles. Soluciones son medidas posibles, se tenga en mente la utopía o no. Y eso, siento decirlo, no lo veo en Podemos.
Daniel Lacalle, con el que coincido muchas veces y discrepo en otras (no me defino de liberal ni de libertario en absoluto), discute con Nacho Alvarez de Podemos y, me temo, le da una lección de realidad. En todo caso, que cada uno saque sus conclusiones; solo una pista: hay uno que titubea en bastantes ocasiones:

Rocío García González,  licenciada en Derecho, Master en Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional y Experta en RSC se dedica a promover proyectos sociales como la
implantación de la Renta Básica Universal y la protección de los derechos delos animales, ha escrito un libro cuya temática sin duda nos interesa a todos: aprender a disfrutar de la vida sin que el dinero nos limite más de la cuenta.

Unir economía y espiritualidad, que es lo que nos cuenta que pretende con esta obra, es algo que en este blog hacemos también, cuando tenemos ocasión.

Da la casualidad, además, de que Rocío trabajó también como empleada de banca durante más de diez años para las principales entidades del país así como en varias Fundaciones Privadas.

Vivir con un puñado de euros

La sinopsis de esta obra ya nos abre el apetito por su lectura desde la primera línea:

Es hora de comprender que para vivir como un rey no es necesario tener mucho dinero. Se trata de valorar lo que tenemos y disfrutarlo, de mirar con ojos nuevos lo que antes pasaba desapercibido, de vivir el presente, el día, el segundo.

Olvidad todo lo que os han contado y sumergiros en estas páginas donde os enseñaré a establecer las prioridades de vuestra vida y a simplificarlas, a cambiar vuestra actitud con el dinero, a modificar vuestro chip, a conseguir la libertad financiera para poder hacer con vuestro tiempo lo que más os gusta, a cuidaros por dentro y por fuera con muy poco dinero, a conseguir ingresos que no dependan del trabajo, a replantearos trabajar por vuestra cuenta, a jugar con la vida, sentir, leer y disfrutar, a ser responsables con vuestro entorno, a atraer la abundancia a vuestra vidas, y a adelantaros cómo funcionará la nueva economía que ya ha llegado.

Os recomiendo sumergiros en su lectura, a la que podéis acceder haciendo click en la imagen del libro:

Trabajadores autónomos
Ser trabajador por cuenta propia en España es un acto de fe y valentía, asumiendo los riesgos de un negocio (muchas veces básicamente para conseguir un empleo) y prácticamente ningún derecho laboral.
La economía se está precarizando, con empleos de baja remuneración, temporales, a tiempo parcial y, todo ello, teniendo en cuenta que el mal empresario lo utiliza muchas veces de forma ilegal, haciendo contratos a tiempo parcial que no lo son y pagando (o no pagando) las horas en B.
La alternativa es ser un autónomo, en una situación aún más precaria si cabe. En un país que tiene un número insuficiente de empresas competitivas y con futuro que creen el empleo suficiente para dar trabajo a la mano de obra desocupada, o nos sometemos a las leyes económicas del mercado de oferta y demanda laboral, con las consecuencias ya citadas, o bien asumimos que el mejor empleo es el que creamos nosotros.
Prefiero una economía autonomizada a una precarizada. Si queremos sentar las bases de un mercado laboral mucho más competitivo, pero justo, tendríamos que mejorar de forma muy importante la cobertura y derechos de los trabajadores autónomos.
Les guste o no a los trabajadores, los falsos autónomos son una realidad y seguirá creciendo. Luchemos contra esta realidad, pero legislemos para que el colectivo tenga más derechos, al menos.
De la dura realidad del autónomo hablamos en Canal 4, en una más que interesante tertulia que os invitamos a ver; está en catalán, pero diría que se entiende perfectamente aun siendo castellano parlante.

La crisis económica está creando un estado de opinión, además de las ya dramáticas situaciones personales de cada uno, que alimenta la generación de determinados sentimientos y rutinas mentales que afectan, de una forma u otra, a nuestra salud mental.

Las enfermedades mentales, sean desordenes pasajeros o duraderos, son las más desconocidas y estigmatizadas a las que un paciente debe enfrentarse, al menos en países como el nuestro. Gran parte de esta distorsión se debe a nuestra incultura en este tipo de materias, otra importante culpa la tiene un relativo atraso en la investigación médica y psicológica, y en menor medida abusos de algunos al fingir dolencias.

Vamos a dar unas pinceladas a la relación entre la crisis financiera y la estabilidad emocional, aprovechando que en un rato estaré dando una charla junto a otros expertos en economía y psicología en el Centro Yoima.

Emociones de la crisis económica

Sentimientos básicos  relacionados con la crisis:
Aflicción, emoción dolorosa e infeliz como reacción a una pérdida grande. Si esta emoción no se supera, puede acabar produciendo dolencias y enfermedades mentales como la depresión. Si bien suele referirse a pérdidas personales, por ejemplo la muerte de un ser querido, otras situaciones como la pérdida del hogar por no poder hacer frente al pago de las cuotas hipotecarias provocan este tipo de sentimientos, como desgraciadamente saben muchas familias españolas.
Miedo, sentimiento que puede llegar a ser invalidante si se mantiene en el tiempo y no responde a una adaptación útil a determinadas situaciones. Tener miedo constante a perder el trabajo, por ejemplo, puede ser útil si provoca que nos concentremos mejor en nuestras tareas laborales, o bien nos mueve a formarnos en otras áreas de saber, para ser más empleable. Sin embargo, el miedo continuado acaba siendo una losa para nuestro día a día y salud emocional.
Emociones cognitivas superiores y crisis económica:
El amor es un sentimiento común a toda la raza humana, independientemente de la cultura en que nos hallemos. Sin embargo, hay especificidades en el sentimiento según las diferentes poblaciones, razón por la cual no se considera un sentimiento básico. He querido referenciarlo para constatar el inmenso amor que mucha gente demuestra, no solo hacia los suyos, ayudando a otros a salir adelante, sean criticando las malas prácticas bancarias, sea representando legalmente a las víctimas de preferentes, sea evitando lanzamientos judiciales claramente injustos. A todos ellos, mi más sincera enhorabuena y admiración.
La culpabilidad, sentimiento que no tiene sentido en muchas ocasiones,es una vivencia psicológica que surge a consecuencia de una acción que causa un daño y que provoca un sentimiento de responsabilidad. También puede surgir por la omisión intencionada de un acto. Muy relacionada con la vergüenza, es un sentimiento que los principales culpables de la crisis, bancos, gestores políticos y demás, se han encargado de generar en el público, mediante mensajes del tipo:
  • En España hay que pagar las deudas.
  • Quisimos vivir por encima de nuestras posibilidades.
  • Los preferentistas buscaban duros a cuatro pesetas.
Falacias que paralizan a las víctimas e impiden que luchen por sus derechos. En mi libro ‘La banca culpable‘ he tratado de transmitir una idea: las víctimas, sean los hipotecados de buena fe o los ahorradores a los que se colocaron productos de ahorro tóxicos, son víctimas, no culpables. Y los culpables deberían pagar sus pecados, bancos, cajas de ahorro, gestores políticos y demás agentes del mercado (CNMV, Banco de España, tasadoras, …).
Este tipo de mensajes de intoxicación informativa provocan desconcierto entre los afectados, al no saber si deben reclamar o avergonzarse de su situación. Lo que deben hacer, repito, es luchar.

De las dolencias a las enfermedades mentales

Debido al desconocimiento sobre las patologías mentales, mucha gente no sabe distinguir entre un pensamiento negativo, una personalidad disfuncional o una verdadera enfermedad mental. Cada proceso mental negativo tiene un tratamiento diferenciado, en algunas ocasiones complementario y en otras no.

Un pensamiento negativo intrusivo y continuado, los pensamientos automáticos, puede aprenderse a eliminar con terapia cognitiva. Una personalidad depresiva o la personalidad melancólica de Tellenbach, requiere de cambios importantes en nuestras rutinas diarias, además de terapia más profunda. Una enfermedad mental, como la depresión mayor, requiere de un tratamiento médico, además de terapia y cambios en nuestra vida. En el siguiente enlace en PDF nos explican los síntomas que el DSM IV tiene en consideración para diagnosticar la depresión mayor, enfermedad grave pero curable si nos la tomamos en serio y somos buenos pacientes.

Estar enfermo mentalmente no es nada malo (moralmente hablando); lo que hay que hacer es tomárselo muy en serio y acudir a un médico especialista, lo antes posible.

Más sobre economía y psicología

Definición de economía

La psicología para un economista

En este país, entre otras cosas por la ignorancia de algunos empresarios, banqueros y empresarias varias, la palabra ‘empresario’ tiene importantes connotaciones negativas.
Sin embargo, los buenos empresarios generan riqueza, ayudan a que la gente tenga trabajo y crean bienes y servicios que mejoran la vida de la sociedad, junto a su equipo, claro está.
De todas estas cosas hablo a partir del minuto 13 en el primer programa ‘La clienta’ de Canal 4; es en mallorquín, pero se entiende muy bien:
La respuesta que un autónomo sin empleados dé es la clave de los problemas de nuestro mercado laboral.

Para empezar a pensar, nada mejor que visionar un vídeo de un americano, alejado de ningún planteamiento socialdemócrata, en el que nos da su opinión sobre nuestro mercado laboral. Peter Schiff es agente de bolsa, escritor, comentarista económico y “austriaco”.

Evidentemente, se equivoca en muchas cosas y acierta en otras más, pero como comentan en El Blog Salmón:
«Sí, Schiff se equivoca en algunas apreciaciones, en algunas interpretaciones que hace de la legislación, pero nos tiene calados, ha captado perfectamente cómo funciona nuestro modelo laboral y la burbuja de emprendimiento sobrevenida que se nos viene encima.»

En economía cualquier cambio aparentemente bueno, puede acabar produciendo efectos perversos que no se reveían. Proclamar lo justo de un salario mínimo suficiente para vivir de forma digna parece más que defendible.
Y sin embargo, si marcamos un salario mínimo «alto», acabamos desincentivado el trabajo. Peor aún, al pagar más de lo que el mercado puede o quiere asumir (y depende de lo que producen las empresas y al precio que lo venden), acabamos generando paro al no contratar las empresas a estos empleados.
Y los empresarios patrios, con una cultura económica muchas veces lamentable, si necesitan trabajadores, o bien los convierten en falsos autónomos, o bien hacen contratos a tiempo parcial que realmente no lo son, o les hacen trabajar horas extras en negro (o sin remuneración alguna).

Nos podemos perder en disquisiciones económicas, éticas, sociales o de muchos otros tipos. Podemos escuchar proclamas de los sindicatos o necedades de la patronal. Sin embargo, como muy bien dice este señor (que me cae muy mal, pero dice cosas muy ciertas), la clave está en la respuesta a esta pregunta:
Si eres autónomo y tu negocio va algo mejor, necesitando manos que te ayuden, ¿contratarías a un empleado?
Hagamos una encuesta a todos los autónomos con cero o un empleado. Si, como yo, una mayoría les contesta que ante una mejora de su actividad se asociarían con otro autónomo, en lugar de asumir el riesgo económico de contratar un empleado, quedará más que claro el problema del mercado laboral en España:
Los pequeños empresarios, los que generan la gran mayoría de empleo en España, no pueden asumir el riesgo de contratar empleados. La reforma laboral ayudará a las grandes empresas a despedir gente y contratarla más barata, lo cual podemos criticar (yo lo critico). Pero os aseguro que no generará empleo, ya que en nada beneficia al empresario forzoso de hoy en día (ni al emprendedor de éxito).
Tanto en el Gobierno, oposición, sindicatos y organizaciones patronales, deberían contar con el asesoramiento de economistas independientes (y hacerles caso). No ocurrirá hasta que tengamos gestores inteligentes y economistas independientes, cosa que, por desgracia, no tendremos en un futuro cercano.
En economía, las cosas no son como parecen
Los amigos de Aula Balear de Gestalt me han invitado a charlar sobre la relación entre emociones y economía, un tema que os aseguro no se trata en las carreras que he cursado. Voy a aprovechar la preparación de la ponencia para compartirla con todos vosotros. De hecho, este contenido se publicara en el mismo momento que esté tratando el tema, este jueves a las 20:00h.
Creo que queda claro que me gusta compartir mis ideas y mi limitado saber de la forma que llegue a más gente posible, siendo lo más original que mi inventiva me permite.
La charla se presenta de la siguiente manera:
Este próximo Jueves día 20 de Marzo en «CHARLAS EN EL AULA» contaremos con la presencia de Pau A. Monserrat, economista especializado en productos financieros, autor del libro ‘La banca culpable‘ y divulgador de economía en medios de comunicación, que junto a Biel Moll Galmés nos hablaran sobre: «El papel de los deseos y las emociones en la economía«
«En la economía de mercado de nuestros días no solo hay consumo de bienes y servicios, también hay consumo de experiencias. La oferta del mercado es un gran generador de demanda y más que nunca cuesta distinguir dónde están las necesidades reales. Se trata de no caer en las falsas promesas del consumo. Un camino muy útil es entender el funcionamiento de los deseos y cómo el mercado lo aprovecha en su favor. Una mirada hacia el interior y una educación de los deseos son básicos para un consumo más consciente.»

Sentimientos en economía

Adam Smith, más conocido por su ‘Riqueza de las naciones’, contribuyó a sentar las bases de la ciencia del sentimiento (psicología de la emoción) con su primera obra ‘La teoría de los sentimientos morales‘ (1759). Al igual que Hume o Thomas Reid, de su pensamiento se extrae que ser emocional es racional, no hay una pugna entre ambos. Hoy en día se sigue utilizando esta idea, la de que una persona sin problemas psicológicos es aquella cuya razón y sentimiento van la misma orientación.Smith inicia el capítulo I sobre la simpatía de la siguiente manera:

«Por más egoísta que quiera suponerse al hombre, evidentemente hay algunos elementos en su naturaleza que lo hacen interesarse en la suerte de los otros de tal modo, que  la felicidad de éstos le es necesaria, aunque de ello nada obtenga, a no ser el placer de presenciarla.»

Su obra es un interesante análisis de los sentimientos y su influencia en nuestra conducta. De la importancia que da a éstos podemos leer:

«La sociedad y la conversación, pues, son los remedios más poderosos para restituir la tranquilidad a la mente, si en algún momento, desgraciadamente, la ha perdido; y también son la mejor salvaguardia de ese uniforme y feliz humor que tan necesario es para la satisfacción interna y la alegría.»

Pese a esta obra y el pensamiento humanista que en ella hay, a Smith la mayoría de economistas lo conocen por la ‘Riqueza de las naciones’ y su famosa disquisición sobre las agujas o el concepto de la mano invisible del mercado (sobre las bonanzas de la división del trabajo y de la regulación automática del mercado).

Spock sería menos inteligente que los humanos

Dylan Evans, investigador del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Bath cuando publicó su imprescindible libro ‘Emoción, la ciencia del sentimiento’, analiza las emociones y su utilidad desde un punto de vista científico. Ya en las primeras páginas de su libro nos deja clara su postura: las emociones no son superfluas, son imprescindibles para nuestra supervivencia.

Del personaje de Star Trek nos dice que vulcaniano jamás habría sido más inteligente que seres con emociones influyendo en sus decisiones, por la sencilla razón de que estaría incapacitado para evolucionar.

Muchos autores actuales, uno de los más conocidos sería Daniel Goleman, discuten sobre la importancia de nuestras emociones y sentimientos en la toma de decisiones socialmente óptimas.

¿Cuáles son las emociones básicas?

Dylan Evans considera que, en base al consenso de la mayoría de investigadores, podríamos definir 6 emociones comunes a cualquier cultura humana. Yo añadiría que a multitud de animales, sin ser un experto en el tema (en la alegría que sienten mis perritas al llegar a casa sí soy un verdadero sabio, que conste). Estas emociones comunes a todo ser humano serían:

  • Alegría. Por ejemplo al practicar sexo, que aumenta las probabilidades de transmitir nuestros genes.
  • Aflicción. Que nos ayuda a evitar determinadas situaciones nocivas para la reproducción de la especie. Vale la pena destacar que las lagrimas emocionales son exclusivas del ser humano, que no el sentimiento en sí.
  • Ira, que prepara el organismo para la lucha.
  • Miedo. Asustarse nos prepara para la huida.
  • Sorpresa.  Esta emoción nos hace detenernos y prestar atención a un foco, mientras que el cuerpo se prepara para un eventual cambio de dirección.
  • Repugnancia. Una emoción que nos hace evitar determinadas cosas que podrían ser infecciosas o venenosas.

Incluso en los bebés ciegos de nacimiento podemos encontrar expresiones faciales típicas de estas emociones. Otra cosa es que haya emociones específicas de cada cultura, como la que muestran los gururumba de Nueva Guinea, conocida como la «condición del jabalí», cuya expresión es correr de manera salvaje, saqueando y atacando al que se les cruza. Este tipo de emociones culturales no entrarían en el grupo de las básicas. En todo caso, las diferencias son cuestión de grado, no absolutas.

¿Y el amor?

¿Es el amor romántico una emoción básica o se asemeja más a la «condición del jabalí»?

Para responder a esta pregunta que a cualquier enamorado le surgiría, y a cualquiera que anhelara estarlo, tendríamos que referirnos a otra categoría, entre las emociones básicas y las culturales, que podrían ser universales, pero con un componente cognitivo que produce que haya mucha variabilidad cultural en su concreción. Estas emociones cognitivas superiores serían:

  • Amor.
  • Culpabilidad.
  • Vergüenza.
  • Desconcierto.
  • Orgullo.
  • Envidia.
  • Celos.

Si las emociones básicas tienen un claro componente evolutivo relacionado con la supervivencia, esta segunda clasificación tiene más que ver con la importancia de vivir en sociedad en el desarrollo de los colectivos humanos.

Para el economista Robert H. Frank las emociones anteriores ayudan a resolver distintos «problemas de compromiso». Su visión la plasma en su obra ‘Passions within reason‘. Como resume perfectamente este blog:

«De esta manera, las emociones alteran las recompensas de los problemas de compromiso trayendo al presente costes lejanos que no habrían aparecido en los cálculos racionales. La rabia frena a los transgresores, la culpa hace doloroso engañar para el tramposo, la envidia representa el autointerés, el desprecio se gana el respeto, la vergüenza castiga y la compasión provoca compasión recíproca. Y el amor también es la solución al problema del compromiso. El amor nos compromete en una relación, relación que es necesaria para sacar un hijo adelante. Sin amor, utilizando solo la razón, estaríamos cambiando de pareja siempre que encontráramos otra que mejorara a la nuestra en algo. Ya sabemos que el amor no dura mucho, pero en cualquier caso más que la lujuria y en muchos casos, como ha estudiado Helen Fisher, unos 4 años, tiempo suficiente para criar un niño.

El punto de Robert Frank es que las emociones (sentimientos morales) en situaciones de compromiso o de problemas del tipo del dilema del prisionero, nos permiten elegir al compañero adecuado para jugar el juego.»

Homo economicus

¿Qué nos dice la economía que es el hombre en su vertiente económica?

La obra de Anxo Penalonga del mismo título, trata de dar una explicación del mundo a través de la economía. Nos dice Penalonga que en economía se supone que el hombre toma decisiones en base a un comportamiento racional, eligiendo las opciones que le reporten mayor beneficio, utilidad o bienestar (utilitarismo). Según esta visión del mundo, nos movemos por nuestro propio interés y, sin pretenderlo, ayudamos al progreso de la sociedad. El Homo economicus, término acuñado en el siglo XIX.

El Homo economicus, forma de simplificar al hombre y poderlo incorporar a los modelos matemáticos, es también: un tonto racional (Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998), un ser codicioso, desconfiado, competitivo, irreflexivo, desmemoriado, bienintencionado y soñador, en palabras de Penalonga.

Al final, ¿resultará que el modelo de comportamiento humano que utilizamos los economistas es poco racional y muy tonto?

Esta visión ha sido muy criticada por variadas razones, entre las que podemos citar:

  • La información para tomar decisiones no suele ser completa, además de que no todos podemos hacer el mismo uso de ella, en base a nuestra formación y forma de pensar. ¿Acaso una persona mayor sin cultura financiera podía entender el contrato de participaciones preferentes, o incluso saber qué se lo tenía que leer para evitar ser engañado?
  • Las decisiones racionales sin sentimientos no son tan racionales como parecen, como hemos explicado en este artículo. Un Homo Economicus no sería de fiar, no ayudaría a ONG, no sería voluntario de nada, no tendría amigos.
  • La utilidad personal difiere según las culturas, la sociedad y la economía de cada zona. Cada persona tiene necesidades, valores y motivaciones distintas, que provoca que tomen decisiones diferentes sobre un mismo tema.

Sentimientos y economía, dos mundos íntimamente relacionados y desconocidos por cada uno de los que estudian por separado estos aspectos del ser humano (y no humano).

Papel de los sentimientos en la realidad económica actual

La ausencia de educación en materia de inteligencia emocional, tanto de los más jóvenes como en el mismo ámbito educativo, ha propiciado un tipo de trabajador, consumidor, votante, contribuyente, empresario, profesional y político cuyas acciones individuales y colectivas nos han llevado a la mayor crisis económica que nuestra generación ha vivido.

Si bien  el grado de responsabilidad es muy diferente, como vengo repitiendo siempre que puedo, no es menos cierto que cada uno de nosotros tiene algo que ver en la situación global.
El votante que ha seguido votando a políticos que sistemáticamente le han engañado, a malos gestores del bien común e, incluso, a corruptos presuntos y no tan presuntos. Si no somos capaces de sentir culpa, vergüenza o desconcierto cuando votamos reiteradamente al que no se lo merece, acabamos teniendo políticos mediocres o que no trabajan para sus votantes, sino para su partido y para su propio beneficio.

El consumidor; concretamente incidiré en el cliente bancario, que lejos de sentir recelo por un bancario que hacía de vendedor, firmaba contratos de preferentes o escrituras de préstamos hipotecarios sin leer ni entender la letra impresa. Llevados por un sentimiento de pertenencia a su banco, o creyendo que el empleado del banco era su amigo por el simple hecho de hablar con él o tomarse un café, ha dejado en manos del que le vendía el análisis de la conveniencia del producto financiero.

Contribuyentes que no han pagado los impuestos que le correspondían, llevados a veces por la envidia a los defraudadores. Otras veces por el recelo a los que gestionan este dinero.
Los trabajadores, cuya mentalidad de hacer lo menos posible, en ocasiones, les ha llevado a no formarse lo suficiente por si perdía su trabajo, a no producir de la mejor manera posible, a no tratar al cliente como la base del negocio que le proporciona sus ingresos.

Los empresarios, con un ejemplo nefasto relacionado con los bancos. Dado que se les ha enseñado que una empresa ha de maximizar su beneficio, obviando en su formación académica y empresarial otras funciones de una empresa en una sociedad moderna, han comercializado productos de inversión de alto riesgo como las obligaciones subordinadas o participaciones preferentes, o han concedido crédito a familias a sabiendas de que les sería muy difícil su devolución. En lugar de mostrar ahora vergüenza o culpabilidad, los vemos en los medios de comunicación alegres y sorprendidos de que el vulgo les señale con el dedo.

Somos unos analfabetos sentimentales, al igual que financieros. Y así nos va.


No seáis bárbaros e ineducados, malandrines. El pobre Ángel Carrasco, director de CESCO de momento, se siente atacado por un colectivo de malas personas en Twitter, entre las que espero me incluya.
Este señor no puede estar al frente de CESCO, pone en peligro su independencia y prestigio. El asunto ya toma un cariz esperpéntico cuando Carrasco hace unas declaraciones en las que dice que fue él el que escribió el panfleto contra preferentistas sin sentido ni el más mínimo rigor jurídico.
Como intelectual de medio pelo, como conocedor de la mala praxis comercial en oficinas bancarias, como economista independiente y como persona le pido al Sr. Carrasco que dimita de su puesto en CESCO y que dedique todo su tiempo a defender a los bankeros que su despacho representa, que seguro lo hace mucho mejor que liderar un centro de estudios de consumo auspiciado por la Universidad de Castilla-La Mancha.

Sin duda, por su evidente pensamiento sesgado, se premian «trabajos» que califican de ‘consumidores listillos‘ a las víctimas del despropósito bancario, y otros opúsculos que gracias a la providencia no he leído. Lo peor es que estos panfletos llegan a manos de los abogados defensores de los bancos, que presentan ante los Jueces como si una fuente de saber fueran.

Y a los bárbaros e ineducados de Twitter, por favor, no ataquéis al pobre Carrasco, que hay que ser siempre educado con las personas. Por cierto ¿ineducados?
Ayer, en el Club Diario de Mallorca, los amigos del Partido X me invitaron para dar mi opinión sobre la banca y sus similitudes con el juego de los trileros (es una estafa, no se te ocurra ir de vacaciones y pretender encontrar la bolita).

Curiosamente vuelvo a este mismo lugar de reunión el día 25 de este mes, para participar en una crítica literaria a mi libro ‘La banca culpable‘.

Además de bancos y economía, se trató el tema de la sanidad y los efectos en muertes contantes y sonantes de determinados recortes mal diseñados y peor implementados.

Mi charla es la primera, para después dar paso a Raul Burillo, exdelegado de la Agencia Tributaria en Baleares y el resto de expertos independientes y miembros de la organización.

Me quedaría con dos frases:

El voto útil a un partido inútil, es un voto inútil.

El Partido X, a mi modo de ver, es una nueva forma de hacer política donde el ciudadano elige, critica, castiga y despide a sus políticos.

Mañana domingo y el lunes voy a participar en #laGiraX, como experto independiente, en su episodio 8: El principio del fin de la impunidad. En este apartado se podrá ver alguna de las presentaciones.
Domingo 16/02/2014:
Inca/ Sa Font:
Plaza Santa María la Mayor, nº 7.
Desayuno con Pau A. Monserrat y la Red Ciudadana- Partido X.
Horario: 10:00h – 12:00h.
Lunes 17/02/2014:
C/ Puerto Rico, 15, Polígono de Levante.
Horario: de 18:30h a 20:30h.
Expertos independientes invitados:
Pau A. Monserrat.
Joan de Pedro.
Rafael Berlanga.
La relación entre trileros y banqueros fue una improvisación total que solté en mi primera aparición en Salvados, que puedes visionar en el siguiente vídeo:

(function(d, s, id) { var js, fjs = d.getElementsByTagName(s)[0]; if (d.getElementById(id)) return; js = d.createElement(s); js.id = id; js.src = «//connect.facebook.net/es_LA/all.js#xfbml=1»; fjs.parentNode.insertBefore(js, fjs); }(document, ‘script’, ‘facebook-jssdk’));


Este mismo concepto, relacionar la actividad comercial en sucursal con los trileros, la saqué en mi segunda aparición, esta vez con toda alevosía. En esta ocasión expliqué que no se trata de identificar a un empleado de banca con un estafador, que son los trileros (sí, lo de encontrar la bolita es una excusa para estafarte), sino más bien identificar las estrategias de colocación masiva de productos financieros con un engaño o, cuanto menos, una inducción al error aprovechándose de la falta de cultura financiera o de la confianza de los clientes. Y este engaño no lo diseñaron los empleados de las oficinas, sino los directivos (con la ayuda inestimable de determinados políticos, o sus mandados en la CNMV y Banco de España).

Vale la pena escuchar a Julio Segura, que fue presidente del la CNMV entre 2007 y 2012, vergonzosa aparición a mi modo de entender, que tiene la osadía de calificar de vendedores a los bancarios y confesar que seguramente se colocaron, abusando de la confianza del cliente, muchas preferentes. No tengo palabras para calificar a una persona que después de ver arruinadas a miles de familias, se queda tan tranquilo. En Japón probablemente se haría el seppuku. Y encima le hecha la culpa al Banco de España, que también la tiene, al considerar las preferentes con capital como capital de máxima calidad a efectos de solvencia de los bancos y cajas. Algunas cifras de la vergüenza:

Acabamos de mencionar a todos los personajes y elementos necesarios en la estafa de los trileros:

Los policías

La policía que no investiga, ni sanciona, la CNMV y el Banco de España. Para ser justos, tal vez más que señalar a los policías de calle y comisaría, los inspectores del Banco de España y personal de la CNMV, tendríamos que señalar a sus jefes y a los que los pusieron en sus sillas. Podemos leer en este documento fechado en el 26/05/2006 como los inspectores del Banco de España ya alertaban de la burbuja crediticia que nos iba a estallar en las caras de todos los contribuyentes. O cuando afirmaban en el 2013 que la falta de ejecutivos expertos en riesgos financieros en la cúpula del Banco de España ha facilitado que se comentan errores graves y la injerencia. «Se ha actuado de un modo condescendiente con la mala gestión», apuntaban.

La bolita

En todo juego de trileros no pueden faltar cubiletes y una bolita que el crédulo jugador ha de encontrar. En este caso, la bolita sería un depósito a plazo o una hipoteca concedida de forma responsable. Y lo que en realidad acaba contratando son productos de ahorro tóxico o préstamos hipotecarios de riesgo.

En relación a la bolita de las hipotecas de alto riesgo, decir que por mucho que se culpabilice al endeudado con argumentos peregrinos del tipo ‘querían vivir por encima de sus posibilidades’, la bolita era la hipoteca y el truhán el banco. Con ello no quiero decir que no tengamos que ser personas adultas y asumir nuestra responsabilidad individual, pero para ofrecer hipotecas de riesgo adecuado, se deberían comercializar hipotecas a tipo fijo o un tipo variable referenciado al IRS, con revisiones cada 5 años y la posibilidad de cuota constante a cada revisión. Y con la opción de elegir la dación en pago, asumiendo el posible coste superior del préstamo. Las hipotecas a tipo variable son de alto riesgo, a la que sube el euribor o la situación económica genera desempleo.

También se han usado cubiletes para esconder el depósito a plazo fijo tradicional por productos de ahorro tóxicos, en mayor o menor medida. Unos tóxicos de necesidad y otros virulentos para determinados perfiles de clientes. De menor a mayor toxicidad, podríamos citar:

  • Los fondos de inversión «garantizados», que son tóxicos si el cliente no tiene una buena cultura financiera.
  • Los bonos ordinarios, que son tóxicos de necesidad cuando los emiten bancos como el quebrado Lehman Brothers y los comercializan nuestros bancos y cajas sin alertan al cliente del peligro.
  • Las obligaciones subordinadas, de naturaleza idéntica a los anteriores productos de renta fija con un peligro añadido: si se liquida la entidad, se cobra después de los acreedores ordinarios. Las habituales son temporales, pero hay de perpetuas, que se asemejan a los siguientes productos híbridos.
  • Participaciones preferentes, producto híbrido entre renta fija y variable, perpetuo, complejo, que no da derecho a voto pero que no remunera si el banco o caja da pérdidas y que, encima, solo es preferente respecto a los accionistas, últimos de la cola, si cierra el banco. Y en el caso de las cajas de ahorro ni eso: se cobra el último junto a la Obra Social.
  • Y el peor de la clase con las cuotas participativas, como acciones pero sin derecho a voto, creadas para las cajas. El único trilero que las colocó fue la CAM, perdiendo todo su valor al ser liquidada (lo que ha comprado el Banco Sabadell es el Banco CAM, no la caja).

Los trileros

Se ha señalado al director de banco y demás empleados de oficina, cuando el verdadero trilero está escondido. El jefe de la banda no está en las oficinas, está en sus áticos de lujo.

Eso no implica que cada uno de los bancarios deba asumir su culpa como profesional, si no ha hecho bien su trabajo. Del director de banco de toda la vida escribí hace tiempo, escrito que llamó en su momento la atención del equipo de Salvados.

Los jugadores

En el juego de la banca, no se gana nunca. El banco sabe más que nosotros y, además, es un mercado muy imperfecto, con pocos competidores que lo tienen fácil para colaborar, como queda claro actualmente con el pacto de no agresión en la rentabilidad de los depósitos (que encima ha propiciado el Banco de España).

Sin embargo, a diferencia del juego de trileros, no nos queda más que jugar con la banca. Dado que somos jugadores forzosos y los trileros saben mucho más que nosotros, no cometamos al menos dos pecados del mal jugador:

  1. No saber jugar; no nos han enseñado cultura financiera en el colegio ni en la universidad (los economistas salimos sin saber de productos financieros, al menos en mi tiempo).
  2. Creernos que no es un juego. Mis lectores más críticos, los allegados, me dicen que en mi libro me repito mucho. Sin embargo, me repito porque quiero. Somos duros de mollera y hay que repetir muchas veces lo mismos para que lo creamos: los bancos no asesoran, venden. Y si vamos a comprar, a jugar, lo mínimo es que lo sepamos y no seamos unos confiados jugadores.

¿Algún día los bancos harán su trabajo, en lugar de jugar con nosotros?

Tal vez. Pero hasta este momento, seamos jugadores hábiles y desconfiados.