Leo en Yahoo Finanzas un interesante artículo de Jorge Suárez-Vélez, en el que opina sobre la severidad de la crisis y discute sobre el concepto del dolor como maestro.

Sin más dilación os dejo con los fragmentos que me han parecido más interesantes del artículo, invitándoos a leer el artículo completo:

Una Crisis didáctica

14 de noviembre de 2008, 04:30 AM

“… Me parece que para que la economía mundial “llegue a la meta” lo primero de que tenemos que estar conscientes es de que ésta es una carrera de fondo y no un sprint de cien metros. Hay que optimizar el uso de los recursos porque no sabemos, a ciencia cierta, cuántos necesitaremos en lo que resta del camino. Esa incertidumbre sobre cuánto falta se manifiesta a todos los niveles. La gente que no tiene empleo no sabe cuándo volverá a trabajar; si falta mucho para volver a emplearse, quizá es sabio ajustar su nivel de vida. Para una empresa, no sabe si debe recortar gente en forma más agresiva; si la crisis es larga, puede estar desperdiciando hoy los recursos que después podrían permitirle tener con qué llegar a la meta, si no lo es y despide gente de más, puede estar en una endeble situación para aprovechar la recuperación cuando ésta se dé. El gobierno no sabe si ser más agresivo en los rescates de diferentes empresas o sectores pues desconoce cuántos más necesitarán ayuda, si la meta aún se encuentra lejos. Desafortunadamente, creo no sólo que estamos lejos de la “meta”, sino que la recuperación posterior se dará sólo en la medida en que se permita que haya dolor durante el proceso….
… En mi opinión, hay dos mitos en los que muchos inversionistas están basando su esperanza. Primero, en que una vez que los bancos sean recapitalizados, el crédito empezará a fluir como antes y eso hará que los precios de inmuebles, acciones, bonos y materias primas regresen a donde estaban. Si usted está dentro de este grupo, llámeme, sé de un puente aquí en Nueva York que le puedo vender a un precio muy razonable. Segundo, que la economía china saldrá al rescate. Nada enseña más que una crisis. Esa es una afirmación válida a nivel personal o social. Las crisis nos ayudan a poner las cosas en perspectiva, a darle prioridad a lo que es realmente importante. Las propiedades didácticas de una crisis son directamente proporcionales al dolor que provoquen. Piénselo a nivel personal. Imagine que lleva años gastando de más y viviendo de sus tarjetas de crédito con la convicción de que en algún punto en el futuro su ingreso crecerá hasta permitirle satisfacer el nivel de vida deseado sin tener que recurrir a endeudarse. Sin embargo, el aumento en el ingreso no llega, y usted sigue viviendo al mismo nivel. Como consecuencia, su deuda crece y crece hasta un punto en el cual le es imposible pagar los intereses sobre la tarjeta y se la quitan. Además, pierde su trabajo. En ese punto usted tiene que decidir si está dispuesto a hacer sacrificios para regresar a una situación que haga sentido de largo plazo. Probablemente habrá dolor, tendrá que bajar su nivel de vida, quizá tendrá que gastar aún menos de lo que podría para gradualmente pagar lo que debe y empezar a ahorrar un poco. Un proceso así es una lección de vida. Alternativamente, imagine que en medio de la crisis llega un tío millonario a rescatarlo o se saca la lotería. Es probable que no aprenda nada y que –consciente o subconscientemente- estará en espera del siguiente rescate cuando vuelva a meterse en problemas. Algo similar ocurre a nivel agregado. Después de procesos de crecimiento y abundancia, se requiere de ajustes, de cortar lo que no funciona, identificar qué es superfluo; por otro lado se debe estimular lo que funciona, tratando de que se pueda apuntalar ahí el siguiente ciclo. Para que una parte del ciclo de origen al otro, tiene que haber dolor. Tiene que darse un proceso de “destrucción creativa”. Por una parte, la gente tiene que aprender a vivir dentro posibilidades realistas, a balancear gasto y ahorro; tiene que estar dispuesta a trabajar más y mejor dejando de dar por hecho que los empleos son seguros y abundantes. Es necesario prepararse para tener mayor probabilidad de ascenso social pues éste se conseguirá a partir de esfuerzo y sacrificio, y no simplemente por inercia o por tener la capacidad –o inconsciencia- para tomar riesgos excesivos. Los dueños de los bancos que tomaron malas decisiones de crédito tienen que sufrir más que aquellos que fueron más cuidadosos y empresas que llevan décadas de tomar una mala decisión tras otra tienen que desaparecer para dar cabida a otras que sean más sensatas. La economía de Estados Unidos se está acercando al momento en el cual hay que tomar decisiones. No sólo hay que lidiar con lo urgente: rescatar al sistema bancario, asegurarse de que el mercado crediticio básico vuelva a funcionar, tratar de contener el daño que está provocando en las economías familiares el desplome en el precio de los inmuebles que se da simultáneamente con la caída en el mercado accionario. Mientras tanto, hay más de un millón doscientos mil nuevos desempleados que se han sumado a quienes ya no tenían trabajo. La tasa de desempleo es ya de 6.5%, pero si incluimos empleados marginalmente empleados o a aquellos con empleos de tiempo parcial que no logran trabajos de tiempo completo, la tasa es 11.8%. … Los diez millones de desempleados provocarán la siguiente oleada de problemas crediticios pues no podrán pagar lo que deben en sus tarjetas. Por si esto fuera poco, por primera vez las compañías que las emiten no pueden financiarse titularizando lo que los tarjeta-habientes les deben. Claramente, los problemas con el crédito para compra de automóviles, el crédito para estudiantes y todo tipo de crédito al consumo seguirán creciendo; igualmente, lo hará el crédito hipotecario –aún el de alta calidad- conforme los deudores se vean afectados al perder sus empleos.

… el mayor reto que afronta el presidente electo Obama es atreverse a poner límites, decir que no, permitir que el proceso de destrucción creativa siga su curso; su doloroso pero imprescindible curso. Estados Unidos ya no es un país que manufacture. El centro de gravedad industrial estadounidense tiene que migrar de Detroit a Sylicon Valley. La inversión debe dirigirse hacia mantener el liderazgo tecnológico y hacia estar a la vanguardia en la tecnología alrededor del cambio climático y la investigación médica ahora que se podrá vencer el dogma religioso que ha impedido el uso de células madre. Estados Unidos tiene que volver a constituirse en el centro de estudios de postgrado más influyente del mundo para seguir teniendo el privilegiado acceso a las mentes más brillantes sin mirar de qué país provienen. Se debe dejar que la industria automotriz estadounidense se contraiga, se consolide –entre sí o con la de otros países- o, si es necesario, muera. Han cometido tantos errores como es posible cometer y no merecen ser salvados. Los cuantiosos recursos que se requerirían para salvarla debe utilizarse para educar y entrenar a los obreros en otros tipos de actividades y ofrecer estructuras de ayuda a los millones de pensionados que resultarán afectados.

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