No se trata de personajes de un cómic manga, no, son algunos de los protagonistas americanos de la crisis crediticia que sufrimos nosotros también.

Me tomo la libertad de trascribir literalmente parte de un interesante y ameno artículo de Manuel Peinado Lorca en ideal.es:

“EN la jerga de los juegos de rol un mutchkin es un tipo de jugador que analiza las reglas de juego para explotarlas en su propio beneficio, lo que conduce por lo general a situaciones absurdas que acaban por arruinar la partida. La crisis financiera que ahora se deja ver en Europa, pero muy extendida en su país de origen, Estados Unidos, es un ejemplo perfecto de la amoralidad del mercado global, el producto final de la alteración de sus endebles reglas por algunos mutchkins estadounidenses que durante un tiempo lo han manipulado a su antojo, provocando una crisis sin precedentes desde la Gran Depresión. En la historia de la crisis juegan el papel de involuntarias víctimas miles de personas sin ingresos fijos, sin trabajo estable y sin propiedades que los avalen (en inglés: no incomes, no job, no assets), peyorativamente bautizados como ninjas por la compañía americana de préstamos HLC Financial para designar a clientes de alto riesgo a los que, sin embargo, se les podían otorgar créditos subprime o ‘hipotecas basura’ con intereses más altos que los créditos prime concedidos a clientes cuyo perfil personal apenas presentaba riesgos de morosidad.

…el origen de la crisis es más bien el resultado de la desregulación del mercado financiero interno llevada a cabo desde 1970 por los gobiernos republicanos de Reagan y de los dos Bush. Ideológicamente sostenida en el pensamiento ultraliberal, la desregulación permitió que una serie de ‘instituciones financieras’ no sujetas a las leyes bancarias entrasen en el mercado de la vivienda. Estos nuevos agentes crediticios se dedicaron a ofrecer con libertad hipotecas basura, unos documentos que no tienen que cumplir los requisitos y controles bancarios tradicionales. Como consecuencia del aumento de la competencia provocado por la irrupción de estos nuevos prestamistas, los bancos entraron plenamente en el juego, aumentando sus márgenes de intermediación al conceder préstamos más arriesgados por los que podían cobrar más intereses.

En una típica situación coyuntural de ciclo alcista, la ‘obligada’ decisión de los bancos norteamericanos se vio acompañada y retroalimentada por dos elementos reforzadores: el boom inmobiliario que, al permitir una expectativa supuestamente interminable de plusvalías, animó la expansión crediticia, creó confianza en los tomadores de hipotecas y disminuyó la percepción de riesgo por los bancos, lo que inyectó confianza en el sistema e hizo comenzar un crecimiento exponencial que parecía imparable.

Por su parte, los desventurados ninjas, para los que hasta entonces los créditos personales eran su inalcanzable sueño americano, aprovecharon las hipotecas para pedir más dinero del que necesitaban y para adquirir bienes de consumo como automóviles, equipos musicales, televisiones de plasma o irse de vacaciones, ignorantes de que, si bien estimulaban la economía mediante el consumo, esas serían las últimas que tendrían en toda su vida. Su filosofía era más o menos ésta: puestos a empeñarnos, qué más dan 20 años que 30 ó 40. Hoy, muchos ex ninjas americanos, tras haber perdido sus casas viven en autocaravanas o en tiendas de campaña, mientras que los ‘afortunados’ que logran mantener sus viviendas lo hacen a cambio de caer en las redes de un sistema de esclavitud encubierto -el alargamiento y blindaje de las condiciones de la hipoteca- al que dedican sus vidas para pagar sus deudas y sobrevivir en una moderna economía de subsistencia. “

Repito, un artículo muy interesante que vale la pena leerse con tranquilidad.

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