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Gráfica para valorar si la oferta de subrogación hipotecaria me conviene

El préstamo hipotecario es uno de los compromisos financieros más importantes que contraemos en la vida. Con decenas de años por delante y una cantidad significativa de dinero en juego, es importante buscar las mejores condiciones posibles; no solo en el momento de comprar una vivienda, sino durante toda su vida útil, tratando de mejorar sus condiciones, vía novación en el mismo banco o cambiando la hipoteca a un banco que nos mejore la actual.

Una de las formas de conseguirlo es a través de la subrogación de parte acreedora. En este artículo, exploraremos qué es exactamente la subrogación hipotecaria, qué variables se deben tener en cuenta y analizaremos un caso práctico de cambio de hipoteca de Caixabank a Bankinter.

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Aún es posible subrogarse y ahorrar con ello.

Con el euríbor en torno al 4% y la expectativa prevista ante la próxima reunión del Banco Central Europeo el 15 de junio, muchos propietarios con hipotecas en vigor se plantean aún si sería rentable en la actualidad mejorar su préstamo hipotecario a través de una subrogación, novación o cancelación.

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La operación de subrogar una hipoteca implica cancelar anticipadamente el préstamo que está en vigor y pactar un nuevo acuerdo de crédito hipotecario. Dicho movimiento conlleva un coste de subrogación que se determinará dependiendo de la antigüedad de la hipoteca antigua y la fecha en la que se firmó.

El mercado hipotecario ha dado un giro de 180 grados en el último año. Esto ha hecho que muchos deudores se muevan y busquen mejorar las condiciones de su hipoteca adaptándola al escenario actual. Cambiar una hipoteca con la de otro banco implica afrontar una serie de gastos, entre otros, de subrogación.

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Por HelpMyCash.com

Contratar una hipoteca puede convertirse en un proceso engorroso, en el que el cliente siente que está perdiendo mucho tiempo, dinero y, en ocasiones, hasta el último gramo de paciencia. Por eso es habitual que, una vez negociada y firmada la hipoteca, el hipotecado no quiera volver a acordarse del tema más de lo necesario durante el resto de su vida. Gran error.

No debemos dejar que la hipoteca “siga su curso” sin más. Recordemos que el banco es un negocio y, como tal, mira por su propio interés. ¡Nadie, salvo nosotros, va a ocuparse del nuestro!

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La letra pequeña de esta reforma nos revela una desagradable sorpresa: El banco podrá retener a su cliente igualando la oferta de la competencia.

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