En la mayoría de ocasiones, las personas que han perdido dinero en bolsa, lo han perdido porque han entrado sin tener en cuenta aspectos fundamentales de esta inversión, ya sea por no estar asesorados, porque pensaban que era fácil o por cualquier otro motivo.

Este decálogo es válido para cualquier producto de renta variable (acciones o fondos de inversión) e incluso para algunos productos más conservadores (renta fija, fondos de retorno absoluto…).

Decálogo de la inversión inteligente

1.- Conocerse como persona y saber cómo pueden afectar psicológicamente las pérdidas de capital; en muchas ocasiones éstas serán puntuales, pero en otras incluso, para evitar males mayores, habrá que ejecutar una venta que provoque pérdidas definitivas y no todo el mundo puede estar preparado para ello.

2.- Ser consciente de las limitaciones económicas de cada uno; hay una máxima que lo resume perfectamente “en bolsa se invierte únicamente lo que no se necesita”, a pesar de ser una frase hecha, es totalmente cierta: si se destina a bolsa una liquidez que se prevé necesaria en el corto plazo, aunque la inversión parezca muy segura nadie lo va a poder garantizar, y sea por la circunstancia que sea (error en la decisión, variables desconocidas en el mercado o factores externos) puede provocar pérdidas sobre un capital que ya tenía un destino.

El incumplimiento de estas dos primeras condiciones personales debería ser un obstáculo para no invertir en este tipo de productos, lo no quiere decir que nunca se pueda entrar en el mundo de la bolsa, sino que simplemente no es el momento oportuno, en el futuro las circunstancias personales pueden cambiar: por formación, por economía, por experiencia…

Los siguientes siete puntos son puramente técnicos que se pueden perfeccionar fácilmente con interés, humildad y disciplina:

3.- Conocer el funcionamiento de los mercados: por qué varían los precios de los activos, qué factores influyen, los riesgos que se asumen, las características de cada uno de los vehículos de inversión que se utilizan, la liquidez del producto, la tipología de órdenes que se pueden colocar… tampoco es necesaria una formación profesional, pero sí una básica para saber dónde se están poniendo los ahorros.

4.- Plantear una estrategia de inversión: en qué tipos de activos invertir, las pérdidas que se pueden asumir tanto por operación como en la globalidad de la cartera, los objetivos de rentabilidad, los plazos de las operaciones, las necesidades de liquidez y demás variables a tener en cuenta.

5.- Tener una táctica que permita desarrollar la estrategia planteada: Elección del bróker, de los análisis que se van a utilizar para decidir una operación, en qué tipos de activos invertir, tipología de órdenes que se utilizarán…

6.- Analizar detenidamente los valores en los que invertir, ver su potencial, los niveles peligrosos, los pagos de dividendos, el entorno en que opera, su sector…

7.- Ejecutar la operación de compra con un volumen y a un precio determinado, y al mismo tiempo (no después para poder ser objetivos) situar un stop de protección en base a la estrategia anterior.

8.- Hacer un seguimiento continuo de la cartera; no hay una periodicidad establecida, sino que dependiendo del plazo que marca la estrategia deberá ser más o menos continuo (desde el intradía hasta revisiones trimestrales).

9.- Venta de los activos ya sea en pérdidas como en ganancias, con órdenes limitadas o con stops, pero siempre en base a la estrategia inicial.

10.- Analizar toda la operativa para poder optimizarla, ver los posibles errores, analizar por qué se han cometido… para ello ayuda llevar un diario de la operativa que se ha hecho y los motivos que han llevado a las órdenes ejecutadas o no.

Luis García Langa.

 

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