Si estás casado en gananciales y vas a vender tu piso para comprar la casa familiar, Hacienda tiene preparada una sorpresa. Se evita con una frase en la escritura. El problema es que nadie te va a avisar.
Todos sabemos que en las notarías, si bien el tiempo pasa muy despacio, al final se firma irremediablemente deprisa. Uno llega con el estómago encogido por la hipoteca, el notario lee a la velocidad de un subastador de lonja y, entre «comparecen» y «otorgan», pasa volando una fórmula que nadie escucha: que los compradores adquieren «para su sociedad de gananciales». Pues esas pocas palabras acaban de ponerse a más de 10.000 euros.
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